El Jazz nació en la ciudad más representativa del estado de Luisiana: Nueva
Orleáns, situada a orillas del río Misisipi, con una historia tan heterogénea como
su población. Una región que primero perteneció a los indígenas americanos y
después a los franceses, españoles, ingleses y estadounidenses. La caña de
azúcar, el tabaco y el algodón fueron cultivados por miles de esclavos de raza
negra. Un territorio convertido en un crisol de etnias y culturas americanas, africanas,
asiáticas y europeas que fermentaron en músicas arrebatadoras.

No faltaron allí los canarios, ¡y no fueron minoría!, desempeñándose en la caza y
la pesca: en los mercados: en los barcos a vapor. Precisamente, en ellos navegó
Antonio Medina, el más famoso capitán del Misisipi, el único que podía navegar
por el río los días con niebla y el ganador moral de la mayor carrera de vapores
en Estados Unidos, a finales del siglo XIX. Cuando se retiró de los barcos, Medina
montó la mejor tienda de música de Nueva Orleáns, donde se surtieron de
instrumentos los primeros jazzistas. Los “Islanders” o isleños continúan viviendo
en esta ciudad y en sus alrededores, navegando con sus pesqueros por los
bayous, entre los caimanes y los ecos de las bandas que continúan tocando en
los vapores de garndes ruedas.

Así, pues, no es extraña la vocación jazzística de esta banda nacida en las Islas
Canarias que interpreta una música colorista, al más puro estilo Nueva Orleáns.
Alabama Dixieland Jazz Band parece recién salida del Barrio Francés y sus
metales y sus voces no dejarían indiferente al propio Louis Amstrong.

Alabama Dixieland Jazz Band incendia los oídos a quienes la escuchan, convierte
el escenario, la sala entera, en un recodo del Misisipi que se mueve hechizado
por la magia de sus trombones y saxos.